EDITORIAL
LA LUCHA CONTRA EL COVID-19

En los últimos años, el mundo ha sido afectado por diversas enfermedades virales. Podemos resaltar inicialmente la pandemia conocida como H1N1, que duró 19 meses, dejo unas 500.000 muertes y ante la cual la comunidad médica, al igual que con el COVID-19, tuvo grandes dinyuntivas para su adecuado tratamiento. Posteriormente, con una sintomatología parecida, aparece el SARS-CoV-2 que tiene una agresividad mayor y una rápida tasa de diseminación.
No se equivocaron autores como Rubin Marantz Hening (1994) en “A dancing matrix”, Laurie Garmet (1994) con “The coming plague” y Richard Preston con su libro “Hot zone” (1995) cuando expusieron la insuficiente preparación del mundo para lidiar con algo así.
Es en diciembre el 2019, en el mercado de mayoristas de mariscos del sur en la provincia de Wuhan, cuando se identifica epidemiológicamente el primer infectado por el virus SARS-CoV-2. A partir de esta fecha comienza su propagación, siendo las personas infectadas por el virus el principal vehículo de transmisión.
En el continente europeo, el segundo en presentar COVID-19, se detecta en París el 25 de enero de 2020 el primer individuo afectado, quien tenía el antecedente de un viaje reciente a China. Posteriormente, el 13 de febrero ocurre el primer deceso en la ciudad de Valencia, España, de un individuo con viaje reciente a Nepal y el 14 de febrero se reporta el primer fallecido en París.
El número de casos continúa creciendo de forma exponencial presentándose el 21 de febrero, al norte de Italia, el mayor número de casos reportados de esta fase inicial. Es solo hasta el 13 de marzo cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declara la alerta de pandemia por el SARS-CoV-2. Europa es entonces el segundo continente más afectado, con 2,5 millones de casos confirmados y más de 190 mil muertes.
Por otro lado, en el continente americano, el 21 de enero del 2020 es reportado el primer caso de COVID-19 en el estado de Washington, en una persona que había viajado a China. Para ese momento ya es evidente que el punto inicial de la pandemia fue en la provincia de Wuhan, diciembre del 2019, con una rápida expansión a varios continentes y que indudablemente el contagio se llevaba a cabo por la vía aérea, siendo su vía de diseminación las gotas de saliva.
El 14 de marzo en Madrid, al igual que en Venezuela, se decreta estado de alarma, Este hecho nos confronto como sociedad con la fragilidad de la vida y la importancia de los sistemas de salud como responsables de una adecuada atención médica. Esta pandemia, además de causar una grave alteración en los sistemas mundiales de salud, produjó una desaceleración del desarrollo socio económico, generando altas tasas de desempleo y una profunda preocupación de las élites políticas en el intento de ganar la batalla con el menor costo social y humano.
Hasta el 30 de octubre el coronavirus ha causado el confinamiento de un tercio de la población mundial, con restricciones de movilidad, cierre de colegios y universidades, con casi 2.200 millones de estudiantes fuera de las aulas, 44,9 millones de contagiados en 221 países y con más de 1,8 millones de fallecidos. Curiosamente se ha desatado de igual manera una ola de maniobras de desinformación y tácticas conspirativas sobre el origen, prevención y tratamiento; información que rápidamente se ha divulgado a través de las redes sociales. Este método de comunicación ha demostrado causar en muchas ocasiones alarma de la población, evidenciando la importancia del manejo veraz de la información en favor de disminuir los efectos colaterales de la pandemia. Es pertinente sugerir el acudir a los medios de comunicación de organismos sanitarios para conocer las pautas oficiales relacionadas con el lavado de manos y el uso adecuado y forma de colocación de mascarillas y equipos de protección personal.
En relación al tratamiento, hasta hoy las conductas terapéuticas no han sido claramente definidas, inicialmente por falta de un conocimiento del comportamiento del SARS-CoV-2 en su “pluripatológico” huésped, el ser humano. En el principio, la conducta terapéutica se baso en tratamientos previamente indicados en pandemias por SARS y MERS-CoV, en la actualidad estos tratamientos se han adaptado para el COVID-19 en particular.
Al igual que con las pautas de tratamiento, el establecimiento de las medidas de protección y prevención también ha cambiado durante la pandemia. Un ejemplo de esto lo constituye la implementación de obligatoriedad en el uso de mascarillas, el cual no fue indicado desde el inicio de la pandemia en algunos países los cuales luego se dieron cuenta que era un arma muy efectiva en la lucha contra la propagación de la infección a otros individuos.
La alta tasa de mortalidad y morbilidad que ha producido desde marzo hasta la fecha, nos obliga a tomar con seriedad la infección y evitarla con medidas sencillas expuestas en la Jornada LXXVI Aniversario de la Sociedad Venezolana de Cirugía celebrada el 20 de octubre, como son: el uso adecuado de los distintos tipos de mascarillas, el sistemático y metódico lavado de manos según recomendaciones de organismos sanitarios, así como el distanciamiento mínimo de 2 metros entre personas evitando los conglomerados. Estos métodos de barrera han demostrado ser de utilidad para evitar la infección quedando a conciencia de cada sanitario implementarlas, darle una adecuada divulgación y así ayudar a detener la propagación del virus, dejando a entes de muy específicas especialidades determinar los adecuados tratamientos y vacunas para este enemigo.
Quisiera por este medio invitar a todos los sanitarios a seguir las guías ya bien establecidas de prevención, además de utilizar los medios de divulgación de ACNUR, OMS y OPS en forma diaria para tener el adecuado conocimiento de las medidas preventivas universales.

Yosu Viteri Otazua
Cirujano general y oncólogo. MSVC

Urgenciólogo Hospital HM Torrelodones. Madrid