En secuencia con nuestra primera publicación, acá
reforzamos la necesidad de sustentar el conocimiento anatómico,
que, unido a las base fisiológicas y fisiopatológicas, le
permiten al cirujano bariátrico desarrollar procedimientos
quirúrgicos con indicación correcta y apegados a una
adecuada técnica, minimizando complicaciones. Esta segunda parte
analiza estructuras vitales como el bazo, los vasos cortos,
transcavidad de los epiplones y vísceras relacionadas,
píloro, incisura angular, primera porción del duodeno,
ligamento de Treitz, intestino delgado y válvula ileocecal.
Resaltando la importancia funcional y quirúrgica en
relación con las técnicas bariátricas y
metabólicas más realizadas en nuestro medio.
Palabras clave: Cirugía bariátrica, anatomía
quirúrgica, bypass gástrico, gastrectomía
vertical, bazo, epiplón menor, píloro, ángulo de
Treitz
Surgical Anatomy in Bariatric Surgery (Part II)
ABSTRACT
In continuation with our first publication, we here reinforce the need
to support anatomical knowledge which, combined with physiological and
pathophysiological foundations, enables the bariatric surgeon to
perform surgical procedures with correct indications and proper
technique, thereby minimizing complications. This second part analyzes
vital structures such as the spleen, short gastric vessels, lesser sac,
related viscera, pylorus, angular incisure, first portion of the
duodenum, ligament of Treitz, small intestine, and ileocecal valve. It
highlights their functional and surgical importance in relation to the
most commonly performed bariatric and metabolic techniques in our
setting.
Key words: Bariatric surgery, surgical anatomy, gastric bypass, sleeve
gastrectomy, spleen, lesser omentum, pylorus, angle of Treitz
INTRODUCCIÓN
Este artículo es la continuación del previamente
publicado, donde revisaremos el resto de las estructuras
anatómicas involucradas en procedimiento bariátricos y
metabólicos comunes. Haciendo énfasis en los puntos de
referencia y su aplicación a las técnicas
quirúrgica, así como, su impacto fisiológico y
funcional.
En esta segunda entrega se describirán y analizarán los
siguientes elementos: el bazo y sus vasos cortos, las curvaturas
gástricas mayor y menor con sus respectivos elementos,
transcavidad de los epiplones y vísceras relacionadas,
píloro, incisura angular, primera porción del duodeno,
ligamento de Treitz, intestino delgado y válvula ileocecal.
El bazo y los vasos cortos gástricos (curvatura mayor gástrica tercio superior)
La recomendación es clara con respecto a no tocar el bazo
durante procedimientos bariátricos por las consecuencias que
puede generar, principalmente hemorrágicas secundarias a
lesiones, el artículo de revisión de Beluzzi et al,1
estima que la incidencia de estas que ameritan esplenectomía es
de aproximadamente 0,1% y casi todas durante gastrectomías
verticales, ya que su ubicación a nivel del hipocondrio derecho
y su relación anatómica franca con la curvatura mayor y
el fundus gástrico, lo hacen susceptible durante la
realización del reservorio en el bypass y la sección
gástrica superior en la gastrectomía vertical. Por lo que
su correcta visualización y una depurada técnica
quirúrgica evitando manipulación y tracción
excesiva de los pliegues y ligamentos periesplénicos, son
fundamentales para evitar estos riesgos. Por otra parte, una evidencia
observacional (estudio retrospectivo que incluyó 316 pacientes)
pero práctica publicada en 2023 por Arici et al,2 en la que se
definió como bazo aumentado aquellos mayores de 12 cm (por TC
y/o US), concluyó que en estos casos se necesitaron un mayor
número de disparos de autosutura y tiempos quirúrgicos
más largos con una tasa de complicaciones superior, enfatizando
que este hallazgo puede limitar el campo quirúrgico obligando al
cirujano a ser precavido. Otras vísceras macizas como el
hígado y el páncreas pueden ser afectadas debido a su
volumen, localización y relaciones anatómicas, como lo
describen Frattini et al,3 que afirman que existe una mayor incidencia
de lesiones cuando el índice de masa corporal es mayor a 50
kg/mts2, realidad a la que no escapa el bazo.
Los vasos cortos gástricos (Figura 1), son de 3 a 7 ramas que se
derivan de la división de la arteria esplénica a nivel
del hilio.4 Su sección durante la movilización del fundus
gástrico en proximidad al polo superior esplénico, expone
particularmente al riesgo de hemorragia. En caso de sangrado, por
sellado vascular incompleto, sección parcial o lesión
incidental, el vaso puede retraerse, haciendo muy difícil
cualquier intento de lograr la hemostasia. Por otra parte, la
disección de las últimas inserciones del fundus puede
conducir a la sección inadvertida o intencionada de los vasos
segmentarios o polares superiores del bazo, induciendo isquemia
esplénica parcial, lo cual ocurre con más frecuencia en
gastrectomías verticales (4 a 31%),5,6,7 siendo la mejor
evidencia disponible al respecto revisiones sistemáticas como
las de Sakran et al,8 y Huang et al,6. Sin embargo, La mayoría
de los casos son autolimitados y no se asocian a complicaciones, aunque
existe el riesgo teórico de absceso esplénico o
infarto,6,7,9 la presencia de adherencias por cirugías previas,
por ejemplo bandas gástricas, o variantes anatómicas como
una arteria esplénica al polo superior proveniente de la
gástrica posterior, facilita que esto ocurra. El cambio de color
del parénquima suele ser inmediato, lo que permite un
diagnóstico rápido.10
Los vasos cortos deben ser seccionados de manera meticulosa para lograr
una gastrectomía vertical bien calibrada, con fundus
completamente incluido, evitando reflujo y fugas, pero siempre cuidando
no comprometer la vascularización proximal. De la reciente
revisión publicada por Seeras K et al,11 derivamos una lista de
chequeo para el correcto manejo quirúrgico de esto vasos,
minimizando los riesgos inherentes: 1. Identificación
anatómica (nacen de la arteria esplénica, transcurren en
el ligamento gastroesplénico hacia el fundus gástrico y
son clave en su irrigación). 2. Liberación del fundus
(sección sistemática para movilizar el fundus permitiendo
que quede totalmente incluido en la resección, evitando
“fundus retenido” que favorece reflujo y menor
pérdida de peso). 3. Exposición adecuada (abrir el
ligamento gastroesplénico y progresar hasta el pilar izquierdo y
el ángulo de His, esto garantiza resección completa. 4.
Consideraciones técnicas (Usar energía de forma
controlada para evitar lesión térmica que comprometa la
vascularización, adecuada hemostasia, recordar que, tras su
sección la irrigación principal del tubo gástrico
dependerá de la arteria gástrica izquierda). 5.
Prevención de complicaciones (liberar poco produce riesgo de
fondo retenido y enfermedad de reflujo gastroesofágico (ERGE),
liberar de más o con energía excesiva riesgo de isquemia
proximal y fugas, por lo que es necesario un balance).
Por otra parte, el metaanálisis de Nikov et al,12 enfatiza la
importancia de la arteria gástrica posterior (86,5% rama de la
esplénica), que contribuye a la vascularización del fondo
y la pared posterosuperior del cuerpo gástrico, actuando de
respaldo vital para mantener la perfusión en esas áreas.
Por lo tanto, afirman que durante la disección del ligamento
gastroesplénico/sección de vasos cortos, si se confirma
la presencia de la arteria gástrica posterior, ponderar
conservarla si no interfiere con una resección adecuada del
fundus, ya que aportará beneficios en la prevención de
complicaciones.
Arterias gastroepipliocas y resto de la curvatura mayor gástrica
El círculo arterial de la curvatura mayor está
representado por la anastomosis de las arterias gastroepiploicas
(Figura 2), la derecha es rama terminal de la gastroduodenal, emerge en
el borde inferior de la primera porción del duodeno y pasa por
el ligamento gastrocólico irrigando la parte derecha de la curva
mayor. La izquierda, tiene su origen en la arteria esplénica y
discurre por el ligamento gastrocólico, irrigando la parte
izquierda de la curvatura mayor, menos su tercio superior, irrigado por
los vasos cortos.13 Entre el borde gástrico y la arcada vascular
conformada por las gastroepiploicas, existe una zona de aproximadamente
1,5 a 2 cm ocupada por tejido conectivo y vasos sanguíneos, el
espacio gastroepiploico (Figura 3a), esta zona es considerada como el
sitio de abordaje ideal hacia la transcavidad de los epiplones durante
procedimientos como la gastrectomía vertical, permitiendo una
adecuada disección, ascendente o descendente por la curvatura
mayor. Existen múltiples ramas vasculares procedentes de la
arcada gastroepoploica hacia el borde gástrico, que deben ser
identificadas para control vascular. Es imperativo no lesionar los
vasos gastroepiploicos, particularmente la vena, ya que existen
complicaciones derivadas, tales como la trombosis portal,10 cuya
incidencia de acuerdo con el metaanálisis publicado por Giannis
et al,14 es de 0,50%, ocurriendo el 90% de las veces en pacientes
sometidos a gastrectomías verticales, con inicio de los
síntomas (dolor abdominal) en promedio a los 22 días, su
origen se liga a la lesión endotelial venosa, estasis e
hipercoagulabilidad frecuentes en obesidad, que no son consecuencia de
la cirugía, pero esta se considera el desencadenante que agrava
cada uno de ellos, afirmación reforzada por la revisión
sistemática de Gomes et al,15 y el trabajo de Carlin et al,16
quienes aclaran que el origen puede relacionarse también con la
disección de los vasos cortos, tracción del fundus y
daño térmico de la pared venosa por uso inadecuado de
energías.
Transcavidad de los epiplones
Espacio en relación con estructuras que deben ser tomadas en
consideración desde el punto de vista quirúrgico, como el
páncreas (Figura 3c), víscera voluminosa susceptible de
ser lesionada, tanto en gastrectomías verticales como en bypass
gástrico y cualquier procedimiento que incluyan el abordaje de
esta región, lesiones que pueden ocurrir durante la entrada a la
transcavidad a través del epiplón menor o por el paso de
las palas inferiores de las máquinas de engrapado en la
gastrectomía vertical y bypass gástrico, sobre todo
cuando no se proyectan bajo visión directa.
La arteria esplénica (Figura 3b), se origina del tronco
celíaco por delante de la primera vértebra lumbar, lejos
del bazo. Después de un segmento supra pancreático,
oblicuo abajo y hacia la izquierda, se dirige de forma transversal,
sigue un trayecto tortuoso por el borde superior del páncreas,
pasa por delante de la cola y llega al hilio del bazo donde se divide
en ramas terminales, a este nivel da nacimiento a los vasos cortos del
estómago y a la arteria gastroepiploica izquierda que penetra en
el epiplón gastroesplénico.17 Al analizar este recorrido,
nos damos cuenta que durante tiempos quirúrgicos como la
disección del espacio retro gástrico superior, para el
paso de la máquina de engrapado en el último disparo
ascendente (en relación con el ángulo de His) durante la
realización de un reservorio en un bypass gástrico, o en
la sección superior del estómago en una
gastrectomía vertical, se debe tener en consideración
esta importante estructura vascular, ya que ella está siempre
presente pero no siempre visible, motivo por el cual es susceptible de
lesiones que pueden derivar en hemorragias de difícil control,
secundarias a una disección incorrecta del espacio retro
gástrico o del paso poco cuidadoso de la engrapadora. Sin
embargo, se considera extremadamente infrecuente.1
Las adherencias posteriores (Figura 3 d), entre el estómago y el
páncreas o tejidos vecinos no son una constante, pero su
presencia amerita de una correcta disección para evitar
problemas con la adecuada calibración gástrica y
posicionamiento correcto del engrapado quirúrgico durante los
procedimientos como la gastrectomía vertical, por esto se
recomienda su identificación y sección de rutina,
práctica sugerida en el Atlas of Bariatric & Metabolic
Surgery de la International Federation for the Surgery of Obesity and
Metabolic Disorders (IFSO).18
Epiplón y curvatura menor
El epiplón menor (Figura 4a), se extiende desde la curvatura
menor gástrica hasta la cara inferior del hígado. Formado
por dos hojas provenientes del revestimiento peritoneal anterior y
posterior del estómago que se unen al llegar a la curvatura
menor, luego en el surco transverso del hígado, las mismas se
separan, cubriendo al órgano. Contiene las ramas de los nervios
vagos, la rama hepática del tronco hepatocoronario, los
elementos del pedículo hepático, el círculo
arterial de la curvatura menor formado por las arterias
gástricas derecha e izquierda, ganglios linfáticos,
etc.13 El conocimiento anatómico de esta región es
fundamental, ya que por esta zona se puede abordar la transcavidad de
los epiplones a través de la pars flácida (Figura 4b),
zona avascular que se traduce en menor riesgo de sangrado, para luego
avanzar hacia la curvatura menor, haciendo control vascular y
sección de las estructuras nerviosas para liberar el borde
gástrico. Otra opción consiste en hacer una
disección perigástrica (Figura 4c), que debe ser
más cuidadosa, hasta abordar la transcavidad de los epiplones
(objetivo común de ambas vías), en este caso se preservan
estructuras vasculares y nerviosas que no se respetan por la pars
flácida. El objetivo de esta maniobra (independientemente del
abordaje) se relaciona con la creación del reservorio
gástrico en el bypass, permitiendo la correcta ubicación
de los sistemas de engrapado quirúrgico para el primer disparo
horizontal, ubicación que puede variar según la
técnica utilizada, ya que en el bypass gástrico en Y de
Roux (BGYR) el reservorio es pequeño y alto sobre la curva
menor, mientras que el bypass gástrico de una sola anastomosis
(BAGUA) se identifica la pata de gallo (Crow´s foot) como
referencia para el inicio de un reservorio más largo.19 Por otra
parte, conocer el pedículo vascular de la curvatura menor
(arterias gástricas izquierda y derecha) es clave para evitar la
isquemia del reservorio y sangrados a este nivel durante la
confección del mismo. 20
Píloro y duodeno
El píloro es un engrosamiento de la capa muscular circular con
algunas fibras longitudinales entrelazadas, constituyendo un verdadero
esfínter. Presenta una orientación derecha, superior y
posterior. Se halla en un estado de contracción tónica,
generando una zona de alta presión que regula el vaciado
gástrico hacia el duodeno. Suele visualizarse en la superficie
del órgano debido a un surco determinado por dicho
esfínter y que habitualmente está recorrido por la vena
prepilórica (vena de Mayo).13 Durante procedimientos como la
gastrectomía vertical, es punto de referencia para el inicio de
la desvascularización de la curvatura mayor del estómago,
maniobra que debe iniciarse entre 4 a 6 centímetros de este,21
indicando también el sitio de inicio de la sección
gástrica ascendente con el engrapado laparoscópico, sin
embargo existen publicaciones que sugieren iniciar 2 cm proximales al
píloro, como el trabajo comparativo de Hussein et al,22 donde no
encontraron diferencias a corto plazo en complicaciones y porcentaje de
pérdida de peso a 2 vs 6 cm, recalcando que la evidencia
aún no es suficiente y que la mayoría de
guías/atlas y descripciones técnicas coinciden que lo
más usado es iniciar a 4 cm del píloro, tal como lo
afirman Tish y Corcelles.23 En resumen consideramos que el punto de
inicio debe ser bien evaluado por cada equipo quirúrgico,
teniendo en cuenta que puede haber un impacto sobre las complicaciones
y calidad de vida de los pacientes. La afirmación de que el
riesgo de fugas aumenta mientras más cerca del píloro se
inicie la sección gástrica, no parece tener un respaldo
sólido, ya que metaanálisis como los de Parikh et al,25
McGLone et al,25 y revisiones como la de Iossa et al,26 coinciden en
que no hay impacto en la tasa de fugas, pero se debe considerar el
aumento de ERGE de novo, vómitos e intolerancia. Por otra parte,
en cirugías que incluyen la primera porción del duodeno,
como las derivaciones duodeno-ileales o duodeno-yeyunales, la
identificación y disección quirúrgica de esta
zona, con la preservación de estructuras vasculares como la
arteria gastroduodenal y en ocasiones la gástrica derecha, es
fundamental para garantizar una buena vascularización del
muñón duodenal y el remanente gástrico, evitando
complicaciones como necrosis.27
Incisura angular
Es una muesca o ángulo ubicado en la curvatura menor del
estómago, que está entre el cuerpo y el antro
gástrico.11 Es importante identificarla en procedimientos
restrictivos como la gastrectomía vertical, muchos cirujanos la
toman como referencia proyectándola hacia la curvatura mayor
marcando el punto de inicio de la desvascularización de la
misma. Por otra parte, se debe tener gran cuidado en no dirigir el
engrapado inicial hacia ella, ya que esto puede producir estrechamiento
y espiralización del neoestómago.21,28 En técnicas
como el BAGUA, donde el reservorio es más largo, la incisura
angular puede ser considerada como punto de referencia para la primera
línea de grapado (horizontal) en la confección del
reservorio gástrico, sin embargo, la mayoría de los
autores recomiendan que se haga 1 o 2 cm debajo de la llamada pata de
gallo (Crow´s foot). 29,30
Ángulo de Treitz
Su identificación es fundamental, sin embargo, lo primero es
ubicar el colon transverso y el epiplón mayor. En
relación con este último y en nuestra experiencia, la
sección vertical del mismo para facilitar el ascenso y disminuir
la tensión de las asas intestinales hacia el reservorio en
cirugías como el bypass gástrico, es una práctica
recomendable, ya que estudios de cohorte como el de Josefsson et al,31
con 40.517 pacientes de BGYR, mostró que la división del
epiplón mayor se asoció a un menor riesgo de
obstrucción intestinal con o sin cierre de las brechas
mesentéricas. El colon transverso se identifica en su tercio
medio y se asciende por la tenia libre para exponer el mesocolon, el
mesenterio, las asas delgadas y el ángulo duodenoyeyunal,
flexura que marca la transición entre el intestino adherido al
retroperitoneo y el móvil,7 es decir el ángulo de Treitz
(Figura 5a), a partir del cual se inicia el conteo o
distalización de las asas delgadas en cirugías
bariátricas y metabólicas derivativas. Su
identificación supone la orientación adecuada de las
asas, garantizando la dirección correcta del tránsito
intestinal. Un punto de referencia anatómico para su
ubicación es la visualización de la vena
mesentérica inferior (Figura 5b), la cual desciende lateral y a
la izquierda de este, sin embargo, en ocasiones no es posible verla por
la obesidad visceral y/o variabilidad anatómica,32 por lo que la
identificación de la unión del mesocolon transverso y el
mesenterio, la visualización de la fascia duodenal posterior
(Figura 5c) que fija la cuarta porción del duodeno al
retroperitoneo, o la maniobra tracción suave del asa que
sospechamos está en relación con el Treitz (determinando
que está fija al retroperitoneo), pueden ser útiles.
Yeyuno e íleon
El intestino delgado inicia en la primera porción del duodeno y
termina en la válvula ileocecal, el duodeno tiene una longitud
aproximada de 25 a 30 centímetros y termina en el ángulo
de Treitz o asa fija.13 El yeyuno – íleon tiene una
longitud promedio de 6 a 7 metros, de los cuales 2/5 (40%) corresponde
al yeyuno y 3/5 (60%) corresponde al íleon. Establecer una
diferencia macroscópica entre ellos es difícil ya que sus
características son similares y no existe un punto
anatómico identificable que defina donde termina uno e inicia el
otro. Sin embargo, algunos elementos pueden atribuírseles, como
que el yeyuno es proximal, más ancho y de paredes más
gruesas, ubicado en cuadrantes superiores a predominio izquierdo y asas
con tendencia a distribución horizontal, mientras que el
íleon es distal, más angosto y de paredes más
delgadas, ubicado en cuadrantes inferiores a predominio derecho, con
asas de tendencia a distribución vertical y oblicua (Figura 6).4
Otra diferencia importante tiene que ver con la irrigación, ya
que el mesenterio de yeyuno tiene un más nutrido número
de vasos arteriales que el íleon, lo cual está en
relación con una mayor absorción de nutrientes.33 Lo que
si debe ser común a ambos es la recomendación
quirúrgica de manipularlos por el borde antimesentérico,
para evitar lesiones vasculares que se pueden traducir en sagrados
importantes o desvascularización de segmentos intestinales.
Válvula íleocecal
Esta estructura que define el final del intestino delgado es una
referencia anatómica importantes en procedimientos
bariátricos y metabólicos primarios y de revisión,
en los cuales se debe identificar para iniciar un conteo
retrógrado de las asas intestinales, un buen ejemplo de esto
serían procedimientos como el Single Anastomosis Dueodeno-Ileal
Bypass with Sleeve (SADI-S) donde clásicamente se hace la
medición desde la válvula íleocecal hasta 300 cm
para la anastomosis duodeno-Ileal.34
Conflicto de Intereses y Financiación
Los autores declaramos no tener conflictos de intereses, ni haber
recibido financiamiento o patrocinio de ninguna organización
para realizar este trabajo.
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